22 ago. 2012

El sin retorno

Por: Lucía Dalenz

El señor se perdió, sin intención que lo encuentre. Decidí irlo a buscar al fondo de un mar azul, típico de su infancia. Ni siquiera un ¿a dónde vas?, el ya no quería hablar. Los ojos del pueblo se empañaron, y sus almas se flagelaron con la insulsa esperanza del retorno del viejo. Pero inevitablemente los nuevos destinos brotaron, con fuerza de un mar enojado. Entonces ahora estamos flotando -y ahora nada es demasiado importante…
24 mar. 2012

SOMBRAS CHINAS

Por Oscar Martínez


La Leny decía cosas totalmente disparatadas y absurdas. Por momentos, parecía que estaba lamiendo el teléfono y se ponía a gemir y a dar grititos de placer, así que imaginé lo que sucedía y sospeché el motivo de su llamada. Lo imaginé por el día (era martes) y lo sospeché por la hora (las 3 de la tarde).

Todos en La Batería, sabíamos la rutina del hijo de puta del Gordo Méndez. Los jueves el Gordo se iba a San Justo y entre hacer sus “negocios” se pasaba chupando todo el fin de semana hasta el lunes en la noche. Los martes en la mañana llegaba a la ciudad y lo primero que hacía era llamarle a la Leny para darle “merca” a cambio de poder tirársela hasta la 1 o 2 de la tarde, hora en la que se iba a almorzar con su madre que lo creía un gran empresario y le cocinaba pollo con arroz, papas fritas y ensalada rusa, que era la comida favorita del Gordo.

A pesar de que lo negaba siempre que podía y hasta se enojaba -poniéndose más violento de lo acostumbrado- ante la sola insinuación de la posibilidad, para nadie era un secreto que el Gordo Mendez estaba enamorado de la Leny. De otra manera, cómo explicar que cuando llegaban chicas nuevas a La Batería, si bien se las tiraba, las corrompía y luego andaba diciendo que son unas putas y unas cojudas -como hacía con absolutamente todas las chicas que tenían la desgracia de andar con nosotros-no andaba buscándolas una y otra vez, y menos aún les regalaba un bretesito. Si, aunque chillaba y decía que odiaba a las mujeres, el Gordo andaba enamorado de la Leny y esa era la cruz dentro de lo que él creía la perfección de su vida.

Sacadas estas conclusiones y juzgando los tonos excitados y sexuales de la Leny, me dije a mí mismo “Esta loca esta re pasada y por eso me ha llamado diciéndome un montón de cosas locas, como eso de que quiere sentirme adentro de ella y que le chupe y le muerda las tetas hasta cansarme” Así que ante la insistencia de que vaya a su casa y con la seguridad de que esperaba un tire memorable, le dije “Me amarro las gambas y voy”. Antes de colgar el teléfono, seguí escuchando sus jadeos y una que otra boludez que salía de su boca y empece a sentir un cosquilleo bien rico en la parte baja del estómago.

Mientras buscaba mis zapatos en el gaseoso desorden de mi cuarto, me puse a pensar que nunca he sido bueno inventando excusas, o mejor dicho, siempre he sido lento inventando excusas. Por ejemplo, después de colgar el teléfono pude haber dicho muchas cosas para no ir a su casa o simplemente colgarle, evitando de esta manera que el Gordo se vaya a enterar algún día y después ande amenazándome de muerte y otras cosas peores. Pero también pensé que no puedo ser un hipócrita mentiroso, ya que la llamada me alegró y de hecho fui porque estaba feliz, arrecho y emocionado.
Después, pensé que finalmente a mí que me importaba que el infeliz del Gordo se entere, ya que después de todo, la Leny estaba bien buena y a mí me gustaba ella y no digo que me gustaba sólo físicamente, porque lo que más me gustaba de ella, eran sus boludeces extremas, como eso de creerse bruja, médium y vidente y más aún, me encantaba que me diga cosas sucias y excitantes.

Cuando no la conocía muy bien, yo decía: “Uhh la Leny si que está bien buena” y los chicos de La Batería -que por miedo al Gordo nunca hablaban de ella- me decían que si creía que la Leny estaba buena hoy en día, lo que hubiese dicho de haberla conocido hace un par de años, antes de que la Leny le entre a la base sin medida ni clemencia.

Todos coincidían en que la Leny tenía un culo hermoso, bien proporcionado y redondito; con una cintura bien angosta, por lo cual la definición más acertada era que su culo parecía un corazón al revés. De sus tetas decían que estas tenían el tamaño de un par de toronjas y que eran bien firmes y pecosas. Después de emocionarse diciendo como era la Leny, todos al mismo tiempo asumían un aire sombrío y decían que si ahora la pobre Leny parecía un bodoque fofo y gomoso, era por culpa del Gordo Méndez que la había dejado hecha una ruina.

Cuando estábamos solos, mi amigo el Huesito me repetía una y otra vez: “a la Leny se le han chorreado el culo y las tetas por culpa de ese cabrón del Gordo y si se le ha chorreado todo, es porque justamente ese hijo de puta le da sin cariño, como si fuese ajeno le da a la pobre Leny”. El Huesito también decía que el Gordo Mendez era como Atila el rey de los Hunos “que donde pisa ese cojudo, ya no crece yerba” y cuando decía todo eso parecía que le daba pena la Leny y que odiaba al Gordo, aunque cuando este andaba cerca, se encargaba de hablar bien de él. Mi buen amigo Huesito, flaco, alto, ojeroso y con el cigarrillo en la mano por la eternidad. Le decían Huesito por lo flaco y lo pálido. En la Batería todos le tenían terror al Gordo Méndez y se cuidaban de no hablar mal de él y obviamente, yo también lo hacía.
Cuando estaba peinándome frente al espejo, me llegó tardíamente el miedo al Gordo, que disipó de un soplido todas las imágenes que tenía en la cabeza de la Leny revolcándose conmigo, sustituyéndolas por otras donde el Gordo me revolcaba a patadas en el suelo. Me paré frente a la ventana para pensar en alguna excusa. Después de todo, la Leny estaba más que drogada y de repente ni cuenta se daría si le decía que tenía que ir a la Luna a comprar pan para mi vieja. Podía decir cualquier cosa, pero el problema es que yo quería ir y tirármela, pero más que todo, quería ir y tenía que ir porque la Lenny era una bruja que todo lo veía y todo lo sabía. Sí, eso era, en realidad le tenía miedo a la Lenny que todo lo veía y todo lo sabía, siempre.

Tomando en cuenta que su casa estaba cerca y que podía llegar en diez minutos si caminaba lentamente y cinco minutos si iba corriendo, vi que no había por qué apurarse tanto, así que aproveché que no había nadie en mi casa para fumar un porrito. Hice memoria para recordar donde había dejado escondida la yerba. Me esforcé mucho, ya que mi pobre memoria en la actualidad, no era más que una pelota que rebotaba de día en día, de hora en hora y de año en año a su regalado antojo. A veces, sólo a veces, me daba pena eso de que mi memoria sea una pelota que va de aquí para allá, agrandando y disminuyendo mis recuerdos o llevándolos de arriba a abajo como le venía en gana. Me daba pena porque nunca más sería el chico prodigio que recitaba la tabla de combinaciones algorítmicas de Kepler, ni las capitales de todos los países del mundo, con sus principales exportaciones, Producto Interno Bruto y cantidad de habitantes por Kilómetro cuadrado. Ya nunca más sería la estrella de las horas cívicas o de algún auditorio imaginario que premie con ovaciones mi memoria prodigiosa.

En todo caso, olvidarse donde estaba la yerba estaba bien, sobre todo porque me había prometido dejar de fumar a cualquier hora del día, no porque me sienta culpable, sino, porque me olvidaba de cosas tan importantes como las excusas para evitar a la casa de la Lenny.

Busqué la yerba en los lugares de siempre, en esos que te dices “aquí lo escondo, total, que nunca me voy a olvidar y nadie va a buscar aquí” pero al final son tantos lugares así, que te terminas olvidando de todos modos y no hay nadie en el mundo que venga en tu auxilio. La única forma de sortear esa tarde con éxito, era fumarse un porrito y tranquilizarse. Después de deshacer mi cuarto, encontré una carta que le había escrito a la Leny hace ya tiempo. La cantidad de huevadas que uno puede llegar decir cuando se cree enamorado. A veces, uno no se parece al de las cartas que escribe. Es como escucharse en una grabación y mientras se escucha uno siempre piensa, pero… ¿esa es mi voz? No es la voz que escucho en mi cabeza. Pero lo malo es que la carta estaba ahí, con la respuesta escrita por la psicópata de la Leny con lápiz rojo.

Cuanto tiempo habré estado sentado en la cama acordándome del día que le he dado esa carta. Claro, en ese tiempo no sabía que ella estaba loca y no sabía que el mundo era demasiado pequeño para los dos. Antes de darle la carta, me acordé que ese día también había pensado que la única forma de sortear ese momento, era fumándose un porrito, y que casualmente, en ese entonces también había olvidado donde deje la yerba porque me había prometido dejar de fumar, pero la gran diferencia es que en ese entonces si sentía culpa y pensaba de mi mismo que era un asqueroso drogadicto. Ahora era diferente, ahora me olvidaba porque mi memoria es una pelota que viene y que va, que agranda y achica, que aparece y desaparece, que me sube y me baja a su regalado antojo.

Lo último de marimba que me quedaba, estaba escondida dentro del estuche de un casete de “Naughty by Nature” que estaba mimetizada en la policromática multitud de cintas prehistóricas que guardaba en una vieja caja de zapatos Manaco. Al encontrarla, vi que no era tanta como deseaba y esperaba. Recordé que antes, cuando tostaba seguido, agarraba la marimba y le decía por su nombre: “María” y mientras le sacaba las semillas y la aplastaba (cariñosamente) con mi dedo pulgar, sentía su olor y le hablaba, le contaba cosas que me quería acordar o que me quería olvidar y al fumarla parecía responderme y acariciarme dándome paz, sosiego y una alegría suavita, casi como estar tirado en el pasto tomando un sol tibio de primavera, escuchando el tranquilo paso del río y la armonía de su estruendo arrastrando piedras y la María era un lugar, un lugar maravilloso. Ahora no, ahora la María estaba gris y triste, y yo lejos, lejos del espíritu, lejos del pasto y el sol de primavera, lejos de la armonía y lo peor de todo, lejos de mi. Por esta tarde sólo quería que ir donde la Leny sea más leve, que sea un poco mejor.

Cuantas cosas uno se pone a pensar en tan poco tiempo. En eso también pensaba: en tantas cosas que uno se pone a pensar en tan poco tiempo. También pensaba que habían pasado tantos años desde la última vez que escuché a Naughty By Nature, que quise poner una canción del casete a todo volumen, pero mientras la cinta retrocedía, me entretuve haciendo una pipa con el papel estañado de los cigarrillos que fumaba la vieja y mientras hacía la pipa, vi el cajón de zapatos dónde estaban los casetes y me puse a pensar que habían pasado tantos años desde la última vez que había usado zapatos Manaco, hasta que el sordo sonido de la cinta atascada en la casetera me despabiló trayéndome de vuelta a la realidad.

Abrí la ventana de mi cuarto de par en par, encendí la pipa y me quedé mirando el silencioso transcurrir de la tarde. En el fondo, la vieja cancha de futbol estaba casi vacía, sólo tres niños intentaban jugar futbol corriendo e insultándose. No sé por qué, de un momento a otro, comencé a sentir tristeza por ellos. Tristeza porque un día, inevitablemente crecerían y, quién sabe, desearán vivir en otro barrio más caliente, donde el sol dure más y el viento helado de la cumbre no asome nunca a comerles los huesos.

No se puede evitar, no. Varios días crecerán hasta más no poder y quién sabe desearán una casa hecha de ladrillo visto muy bien barnizado, atravesadas con elegantes vigas de madera preciosa, amoblada con mesas de cristal de roca, además de un sinfín de antigüedades extravagantes y otros artefactos curiosos en ambientes de psicodélicos colores pastel de los años sesenta, con un par de autos oscuros en el garaje y un perro con pedigree que se llame Babsy al cual haya que sacar a pasear en las noches y llevar cada dos domingos a una peluquería para perros. Si, quizá desearán una vida muy Kitsch, como la deseaba yo. Mientras tanto, estarán allá, condenados a crecer en la cancha donde el viento también juega haciendo remolinos con la basura del barrio. Ahora ya sabía por qué sentía tristeza. Tal vez sólo era yo que quería que el sol dure más y el viento helado de la cumbre no asome nunca a comerme los huesos. O tal vez sólo era que yo, que nunca quise crecer y ser esto que llamo yo.

El teléfono volvió a sonar, cerré la ventana y cogí una chaqueta abrigada porque el cielo estaba nublado y era claro que en cualquier momento llovería.
Leny, quisiera saber la letra de esa canción: “Y no llores más muchacha, corazón de tiza” Siento que esa canción sería buena para ti ahora estas tirada y sangrando por todas partes. Ahora que el Gordo te está comiendo las entrañas y no sé si estás viva o muerta, en eso pienso ahora, si viva estás muerta porque odias este mundo, o si estando muerta estas viva porque has dejado este mundo de mierda. Pienso dejar de pensar y en eso escucho los asquerosos alaridos del Gordo Méndez que se sacude y tiembla encima de vos. Tanta sangre y vos haciéndote a la que lo disfrutas. Aunque te mueves y gimes, aunque haces burbujas de sangre con tu nariz y el gordo te besa las tetas yo te sé muerta, lejos de todo, de mí también.
20 mar. 2012

HOMENAJE (Con todo respeto)

Por Miguel Ángel Paredes



Hoy, 13 de marzo, es el cumpleaños de Marcelo Quiroga Santa Cruz y de Julio Cesar Paredes Ruiz, grandes personajes bolivianos que influenciaron mucho la época que vivieron y se consagraron a una lucha, cada cual a su modo ¿quiénes eran estos dos bolivianos?

Marcelo Quiroga Santa Cruz, nació en Cochabamba, Bolivia, el 13 de marzo de 1931, y fue un reconocido docente universitario, escritor y político perteneciente al partido socialista. Fue diputado y ministro de Minas y Petróleo (1969), cargo desde el que promovió la nacionalización de compañías extranjeras.

Marchó al exilio al producirse en Bolivia el golpe militar que derrocó a Luis Adolfo Siles Salinas y residió en Argentina, Chile y México donde trabajó como profesor en la Universidad de Buenos Aires (UBA) y la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Fundó el Partido Socialista en 1971. Luego de iniciar el un juicio de responsabilidades al dictador Hugo Banzer en el parlamento, logró un 4to puesto en las elecciones nacionales y el año 1980 en el golpe de estado de los militares García Meza y Arce Gómez, atraparon al líder del partido socialista, y luego de torturarlo ferozmente, terminaron por asesinarlo el 17 de julio de 1980.

Como escritor, su principal obra, Los deshabitados (1957), fue un ejemplo de la novela social más significativa de la literatura contemporánea boliviana. El otro aporte literario fue Otra vez marzo, ambos publicados en 1990. Además de escritor fue cineasta y periodista. Su única incursión en el séptimo arte fue la realización del corto El combate.

Los restos de Marcelo Quiroga Santa Cruz desaparecieron al igual que la fe de las personas en los gobiernos militares. Aún en la actualidad es un misterio el paradero del cadáver del héroe boliviano. Existe un centro “Memorial” salon auditorio, construido en el parque Urbano Central de La Paz, (lado del Laikakota) donde se levanta una estatua en su homenaje y espera ser desde ahora, un centro de actividades culturales, sociopoliticas, intelectuales y de formación, en honor a su labor en vida. Actividades que serán desarrolladas, en espera de la aparición de sus restos mortales ocultados por la dictadura.

Por su parte, Julio Cesar Paredes Ruiz, nació en La Paz el 13 de Marzo de 1953. Intelectual, sociólogo, cantautor y poeta. Si bien su labor de Gestor Cultural y comunicador en los últimos años, Julio Cesar Paredes; nieto de insignes bolivianos como Manuel Rigoberto paredes(folclorólogo) y Alberto Ruiz L ( músico-compositor), ha desarrollado una labor propia digna de ser recordada.

Julio Cesar fue un referente importante la década de los 70 y 80s, en la poesía y música nacional, ya que fue integrante de Coral 13 (de Cesar Espada), fundador del grupo “Lyra Incaica” en su segunda época (continuando la de su abuelo Alberto Ruiz), la década de los 70s instauró la música folklórica como algo más allá de lo recreativo criollo, poniéndole poesía al alcance de una clase media que no apreciaba mucho el acervo propio musical, por considerarse algo de “baja clase social”. La labor de hormiga de Lira Incaica a la cabeza de Julio Cesar Paredes, logró vestir de gala al folklore en peñas como “Naira” (junto a los Jairas, Ernesto Cavour) “Los Escudos”, “Kory Tika” (junto a Carlos Palenque y Pepe Murillo). Posteriormente esa tarea se quedó en manos de los Jkarkas , Los Quechuas y otros que levantaron la cabeza de la música nuestra.

El Mismo Julio Cesar, fundó luego el grupo “Savia Andina” junto a Eddy Navia, Alcides Mejía y Oscar Castro, completando esa tarea de elevar a rango de embajada diplomática a la música nacional con contenido.

Pero mis recuerdos de niñez y adolescencia, son los años 70 junto a Julio Cesar con el instrumento al hombro, escenario tras escenario, rompiendo mitos y tabues, poniéndole poesía a la hermosa música boliviana; pero además haciendo la “musica de propuesta” (no de protesta) aquella latinoamericana que vino desde Argentina, Cuba, Brasil o Nicaragua. Proponiendo al ser humano como tal, divulgando sentimientos y no solo conocimientos. Rescatando valores y no materiales. Ese es el gran merito.

Es ahí donde ví juntarse a estos dos cumpleañeros del 13 de marzo; a Marcelo Quiroga y Julio Cesar Paredes. En las jornadas del PS1 para proclamar a Marcelo Quiroga (y su hermosa compañera Cristina) en los barrios de mi ciudad como candidato. Actos clandestinos y populares en el año 79, llenos de los grandes discursos de Marcelo, con Julio Cesar de “telonero” con su guitarra (ademas de mi bombo) y su humilde canto. Esos actos de masas que esperaban las palabras de Marcelo Quiroga Santa Cruz; gente que nos escuchaba cantarle a las injusticias, defendiendo los ideales y con el constante miedo (en esa época) que luego del acto ser perseguidos, apresados y torturados. Meses mas tarde en julio de 1980, Marcelo era asesinado y Julio Cesar exilado.

Mi admiración era a ambos “marcianos” (nacidos en marzo) ambos con sueños de un mejor país y del cambio “sin traiciones ni oscuros negociados” (como decía Marcelo) o como dice Julio: “Morir cantando en un escenario”. Ya pocos tienen esa mística. Hoy, la mayoría de los “revolucionarios”, se ha acomodado en algún cargo de influencia y poder gubernamental.

Hoy me salta una lagrima en pensar que a Marcelo lo mató la corrupción y la traición y a mi hermano Julio cesar lo relega el olvido y el oportunismo. A ambos les agradezco el haberme formado con consciencia e ideales, justo en esa mi adolescencia necesitada, justo cuando te vas formando para enfrentar la vida de alguna forma. Les agradezco en priorizar la vida, la gente, la dignidad, los sentimientos y NO el dinero, el poder, la patanería y la politiquería.

Felicidades en este Martes 13 de Marzo de buena suerte, porque hubo y hay gente de valores. Gracias hermano. Homenaje en vida.


14 mar. 2012

ESTADO PLURICOMEDIANTE

Por Jorge Márquez





Winston Churchill decía que “el humor, es algo muy serio”. Lamentablemente parece que ese consejo no llegó a las altas esferas gubernamentales en Bolivia. Debo admitir que al principio era gracioso escuchar al presidente que la Coca Cola destapaba caños, o lo que mencionó sobre la calvicie: “algo interesante sobre la calvicie, y perdonen los hermanos europeos: la calvicie es una enfermedad en Europa; casi todos son calvos, y es por los alimentos que comen, mientras que en los pueblos indígenas no hay calvos, porque no conocemos esos alimentos. Pueden verme a mí por si acaso.” También era divertido escucharle decir: “en este milenio es más importante defender los derechos de la Madre Tierra que defender los derechos humanos”.

Lamentablemente lo gracioso duró poco, ya que se dió a conocer que si se embaraza tu novia debes huir al cuartel, o unas coplas de carnaval bastante machistas, pero como era carnaval no se cometía ningún delito, solamente se degradaba en broma a las ministras que son parte del gobierno. Ese pequeño acontecimiento demostró que los únicos autorizados para hacer coplas de carnaval eran los que tienen en sus manos la administración del país, ya que cuando Mujeres Creando hicieron coplas en respuesta a la actitud machista del presidente, el viceministro de descolonización Félix Cárdenas al ver que otros también podían hacer bromas publicó un articulo homofóbico y discriminador en El Times de Cochabamba.

Al parecer la Asamblea Constituyente fue un chiste, porque nos reímos de la constitución y de las leyes, en un caso particular la ley contra la discriminación y el racismo es un cuento gracioso ya que aún no procesan a Félix Cárdenas.

Nuestros gobernantes lo toman todo a broma. El canciller, por ejemplo, hizo una gran rutina de stand up en la ONU divirtiendo al mundo con la genialidad de que la papaliza es un sustituto del viagra. O lo último que nos enteramos, el masistrado, digo, magistrado Gualberto Cusi dió a conocer: “en momentos de sueño, cuando tenemos que revisar los expedientes, pijchamos la coca y, en momentos complejos, yo consulto la coca. En un caso de un amparo constitucional, por ejemplo, están las opciones A o B, y se consulta a la coca para ver si vamos a fallar en sentido positivo y negativo. ¡En la coca sale!”.

Tomando en cuenta estos antecedentes, al ser un país que no toma nada, pero absolutamente nada en serio, creo que tenemos la respuesta a las dos preguntas que atormentan a los bolivianos: ¿Por qué ellos son tan ricos? Y ¿Por qué somos tan pobres? Creo conveniente plantearnos otra pregunta ¿algún día cambiara todo esto?

10 mar. 2012

CAUSA------>EFECTO

Por Raúl Velasco

Odio tener que admitirlo, pero cuando algo existe, por lógica tiene un principio y un fin, odio la lógica pero no se puede hacer nada contra ella, el mundo no tiene lógica, pero ¿por qué es tan lógico entonces?

La lógica destruye sueños e ilusiones, dilapida la esperanza, lo cual es bueno, te permite vivir en la inofensiva realidad del presente, realidad que muy maldita sea... porque todo lo bueno te hiere por alguna razón absurda, y las razones por lo general son absurdas, y todo lo absurdo es estúpidamente real y legal, y todo es estúpidamente bueno, por lo cual te hiere, entonces por lógica sería estúpidamente malo, pero todo es absurdo y no deja de importunar a la vida.

Y tanto palabrerío para nada, al final todos sabemos que no se obtiene nada, todo

se gana y luego se pierde, es así, sé bien que puede parecer que soy un maldito pesimista, pero comprenda usted que mi corazón es el lado oscuro de mi persona, entonces, tengo derecho a ver el lado oscuro de todo lo bueno. Cualquiera sabe que esto daña, y esa es la mejor parte de ser dañado, que lo sabes con anticipación, y que duele no obstante sabes lo que ocurre; el dolor es focalizado, el sufrimiento es aleatorio y generalizado, y esto ha sido dicho tantas veces que no se si en realidad importe, porque a todos les encanta sufrir, les encanta amar, les encanta el dolor y les encanta vivir; y los que se cansaron de ser amedrentados en esta existencia, ya perecieron víctimas de sus propias ganas de ser felices. La felicidad mata, no podemos cubrirla con nada.

Pasando a los sentimientos prestados... tengo uno que es original y mío... y no se lo prestaré a nadie, ya uno se cansa de volar con alas prestadas, porque un día te piden que las devuelvas (si es que no te las quitan desgraciadamente) y la consecuencia única es caer… Caer mucho y destrozarse en el suelo. Pero... es lindo volar ¿no? es agradable ver la ciudad desde lo alto, reírse de los tarados que están ahí abajo... aunque los tarados se rían de ti cuando estés en el piso por tu inefable caída. Es bonito caer…

Todo tiene una causa, toda causa tiene un efecto, todo comienza y termina, es absurdo, por tanto también es coherente, y la coherencia no es sensata ni inteligente, pero Dios dirá...

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