18 dic. 2011

Dead Weather

Por Ada Laruta Pozo




Con las ganas de tener sensaciones de plástico, solo como placebos de ésta soledad hecha angustia. Tentando al tiempo para que retroceda un par de años o simplemente con la piel urgida de aire. Con la voz a punto de romperse por la fuerza del silencio y con los ojos hundidos en un suspiro de vacío.

La posesión de la razón en una mente que solo quiere escapar al sinsentido. No hay caminos sino el de una sola vía y sin fin, cuando la frustración hace su festín en tus carnes.

Arrancarte a ti mismo, desgarrarte en melodías o movimientos, utilizarte como nunca antes para salir del ahogo que asedia tus pulmones. Plasmarte cual óleo sobre el asfalto y tornar tu ser en camino.

Gritar y gritarle al canto de la lluvia, invocar que cave en tí gota a gota, hasta formar un hoyo tan profundo que en realidad te perfore y seas tú un pasadizo entre un mundo y otro.

Estas son cosas que tan solo se le pasa a uno por la mente, cuando el temporal de muerte acecha los sentidos.
14 dic. 2011

Recuerdos de una Noche

Por Tomo Fujimoto




Cuando la luna se balancea en lo alto del cielo, inclusive el familiar paisaje de La Paz adquiere un toque de extrañeza; ahogándome, asfixiándome con un sin fin de recuerdos. Cómodo o no con todo ese flujo imparable, la certeza que conllevan estos recuerdos hacen contrastar lo inseguro que es el presente y el futuro, haciendo que me sienta pequeño y miserable ante tan inmenso mundo que esta por venir. Pero al final de la noche, aún con esos sentimientos angustiantes, no puedo evitar encontrar un pequeño e inexplicable sentimiento de felicidad; por los recuerdos ya construidos y por la infinidad de posibilidades que el futuro me trae.
12 dic. 2011

El Triunfo del Hacedor

Por David Julián Cors Cors

Es curioso que a mi madre la hubiera tocado educarme cuando ya no vivía con ella, cuando empecé a sentir mis primeras perturbaciones espirituales, las primeras de muchas. Posiblemente fue por su falta y con ella la falta de una educación religiosa rígida la que me hizo concluir que era Schopenhauer quien guardaba el secreto de la existencia y no así Dios a quien me resistí durante mucho tiempo, aunque la victoria no sería de aquel filósofo sino del hacedor.

Los gravámenes de piedras perdidas y lejanas también resultaron siendo capaces de quitarme el sueño y subsumirme en profundas depresiones, lo mismo que el transcurrir de la vida y el transcurrir de tu ausencia. Así pasé la juventud, empecinándome en la vejez, un artificio mío para suplirte. De todas maneras heme aquí nuevamente; tú, mi opuesta sigues distante por aquel camino donde no puedo seguirte.

Hace poco, quiero creer, me diste a Delibes con quien releo nuestra vida; tú siempre fuiste esa imagen vívida sobre este fondo gris de la vida y sigo siendo el mismo de antes pues me adelanté a vivir y di la vida por vivida, la sufrí entre páginas, al principio inexplicable y después confusa, la sufrí entre humo, como una mancha difusa, como un dada frente mío, como aquel “Picasso” que colgaste en nuestro estudio, como los niños a los que vimos crecer y luego nos abandonaron.

Me quedé con tus sonrisas y tus intermitencias, esos cambios abruptos que me obligaban a dejarte sola y reencontrarte de nuevo acariciando alguna flor en nuestro jardín; hoy esos recuerdos me acompañan para suplirte en el jardín, en nuestra cama, en nuestro estudio. Hoy la casa ya no es nuestra, es tan solo mía, así como la vida y los sueños que antes discutíamos acuciosos.

Fue Federico quien me contó de mi soledad, fue él quien me condujo al hospital mientras yo permanecía mudo al lado suyo en el auto; Isabel y Pablo ya estaban ahí rodeándote mientras los niños esperaban en el pasillo, salieron a mi encuentro por dulces pero yo no había llevado ninguno con el apuro, Lucía se quedó viéndote por la ventana, desde el primer instante fue mi preferida sobre sus hermanos, yo hice caso omiso a los nietos, nunca me importaron ellos o sus padres, nunca pude comprender una relación de más de dos, tú quisiste hijos y yo los quise para ti.

Dejé de escribir cuando cedió tu pulso, segundos después de que me dijeras que me reconciliara con Dios o sino no me verías de nuevo, incluso lo dijiste sonriendo, mi adiós fue una sonrisa dolida y el tuyo una carcajada casi muda. Así fue que me recluí a la casa en que vivimos saliendo tan solo por víveres y algunos libros.

Poco a poco mi pensamiento se va incluso de ti y vuelve para encontrarme rodeado de silencios, estoy pronto a encontrarte.

La espera me enferma y quiero enfermar.
1 dic. 2011

¿Por qué no te jodes Murphy?

Por Adrián Paredes

Ese puto de Murphy y yo no nos llevamos para nada bien. Desde chiquito que el muy grandulón se las ensaña conmigo y yo, ni modo. Crecí en una de esas guerras eternas, más por no saber cuando y por qué comenzaron que por el tiempo que duraron.

Pensemos un poco ¿Cómo contratacar a quién aplica sus leyes en base al fatalismo de lo posible? ¿Es el mismo Murphy inmune a sus propias cochinadas? Después de años de solo defenderme de sus embates invisibles y sus reveses de tenista avinagrado, como que me vino el deseo de atacar

(Una lujuria de sangre murphiana es equiparable al secreto dolor de la decepción cuando nos enteramos que después del colegio tenemos que seguir la charada en la universidad).

Pero atacar a un omnisciente como Murphy es dificil. Cada vez que intento que algo salga bien, previsiblemente, sale mal y ese es el triunfo del pinche Murphy ese. Hacer caer el helado del niño con calor, esconder las pastillas del anciano desahuciado, hacer pasar trufis a Achumani cuando quiero ir a Irpavi, y solo traer trufis a Los Pinos cuando quiero ir a Achumani. Poco es eso, es peor puesto que con las cosas pequeñas el grandulón de Murphy disfruta más. Como encontrar solo Huari cuando querías Bock o dejarte la ilusión de un pedido que se pierde en medio de la entrega, es ahí cuando más se retuerce de risa. Deleitandose en la manera que nos mordemos los labios y decimos: "Ya, ni que hacer".

¿Cómo no sentir una ligera comezón cuando las cosas no salen como querías? Cuando menos cercanamente a lo que querías. Esos epqueños placeres que hacen las desgracias llevaderas. No bastan esos miles de entes invsibles o no que se encargan de tus grandes empresas. Al pendejo de Murphy le excita quitarte las pequeñas cosas también.

Y de nuevo me veo en una guerra. Pero injusta pues ¿A dónde podría haber escapado Jesús cuando Dios le ordenó morir? Nos consta que lo intentó pero, como bien sabemos, no lo logró. El pedo de los que luchan contra lo inevitable es que lo hacen desde el angulo de evitar. Somos humanos al fin y al cabo, ¿Cómo sabes que es inevitable y qué no? Máximo podemos trampearlo al Murphy y sacarle ganancias a la desgracia. No negarla sino invertir en ella. Así sacarle la enseñanza a lo negativo y no engañarnos con lo postivo, esa horrible mentira de creer que todo es lindo.

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