1 dic. 2011

¿Por qué no te jodes Murphy?

Por Adrián Paredes

Ese puto de Murphy y yo no nos llevamos para nada bien. Desde chiquito que el muy grandulón se las ensaña conmigo y yo, ni modo. Crecí en una de esas guerras eternas, más por no saber cuando y por qué comenzaron que por el tiempo que duraron.

Pensemos un poco ¿Cómo contratacar a quién aplica sus leyes en base al fatalismo de lo posible? ¿Es el mismo Murphy inmune a sus propias cochinadas? Después de años de solo defenderme de sus embates invisibles y sus reveses de tenista avinagrado, como que me vino el deseo de atacar

(Una lujuria de sangre murphiana es equiparable al secreto dolor de la decepción cuando nos enteramos que después del colegio tenemos que seguir la charada en la universidad).

Pero atacar a un omnisciente como Murphy es dificil. Cada vez que intento que algo salga bien, previsiblemente, sale mal y ese es el triunfo del pinche Murphy ese. Hacer caer el helado del niño con calor, esconder las pastillas del anciano desahuciado, hacer pasar trufis a Achumani cuando quiero ir a Irpavi, y solo traer trufis a Los Pinos cuando quiero ir a Achumani. Poco es eso, es peor puesto que con las cosas pequeñas el grandulón de Murphy disfruta más. Como encontrar solo Huari cuando querías Bock o dejarte la ilusión de un pedido que se pierde en medio de la entrega, es ahí cuando más se retuerce de risa. Deleitandose en la manera que nos mordemos los labios y decimos: "Ya, ni que hacer".

¿Cómo no sentir una ligera comezón cuando las cosas no salen como querías? Cuando menos cercanamente a lo que querías. Esos epqueños placeres que hacen las desgracias llevaderas. No bastan esos miles de entes invsibles o no que se encargan de tus grandes empresas. Al pendejo de Murphy le excita quitarte las pequeñas cosas también.

Y de nuevo me veo en una guerra. Pero injusta pues ¿A dónde podría haber escapado Jesús cuando Dios le ordenó morir? Nos consta que lo intentó pero, como bien sabemos, no lo logró. El pedo de los que luchan contra lo inevitable es que lo hacen desde el angulo de evitar. Somos humanos al fin y al cabo, ¿Cómo sabes que es inevitable y qué no? Máximo podemos trampearlo al Murphy y sacarle ganancias a la desgracia. No negarla sino invertir en ella. Así sacarle la enseñanza a lo negativo y no engañarnos con lo postivo, esa horrible mentira de creer que todo es lindo.

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